Mauricio Macri atraviesa una paradoja que define su presente político: no tiene candidato a presidente, pero empieza a perfilar un vice. En ese desbalance se condensa la incertidumbre estratégica del PRO frente a un escenario dominado por Javier Milei y atravesado por una pregunta central: cómo construir una alternativa sin romper con el oficialismo ni diluirse dentro de él.
El plenario de Parque Norte expuso esa tensión. Macri insinuó durante semanas que allí podría lanzar una candidatura presidencial, pero finalmente retrocedió. No fue una decisión personal sino colectiva: la cúpula del PRO le marcó los riesgos de anticiparse demasiado. En política, el tiempo es capital, y adelantar una candidatura a un año y medio del cierre de listas puede implicar llegar debilitado a la negociación final, especialmente si el objetivo es acordar —o al menos convivir— con La Libertad Avanza.
El problema de fondo es más profundo: Macri no tiene a quién ungir. La idea de un outsider competitivo, que capture parte del electorado de Milei sin cargar con el desgaste de la política tradicional, se desinfló antes de nacer. Los nombres que circularon —Marcos Galperín, Jorge Brito— respondían a esa lógica: figuras del mundo empresarial, con imagen de gestión y sin pasado partidario. Pero ambos dijeron que no. Y ese doble rechazo dejó al descubierto el vacío.
Sin outsider, el PRO vuelve a su dilema original: depender de Macri o reinventarse sin él. En ese punto, el ex presidente juega a dos bandas. En público, evita definiciones y sostiene que decidirá el año próximo si compite. En privado, deja trascender que solo será candidato si las encuestas le garantizan competitividad. Es una posición racional, pero también revela una dificultad: Macri no quiere ser candidato testimonial ni entrar en una contienda que lo exponga a una derrota.
Mientras tanto, el PRO ensaya una narrativa ambigua. “Somos el próximo paso”, dijo Macri, aunque aclaró que no serán oposición a Milei. La frase resume la incomodidad del espacio: pretende construir una alternativa sin confrontar abiertamente con el gobierno. Pero en política, la ambigüedad suele tener costos. Si no hay diferenciación, no hay identidad; y sin identidad, no hay candidatura que se sostenga.
En ese contexto, aparece un dato revelador: mientras el nombre del presidente es incierto, el del vice empieza a tomar forma. Juan Schiaretti, el ex gobernador de Córdoba, emerge como una opción concreta para completar una eventual fórmula encabezada por Macri. No es una idea nueva: es, en rigor, la reedición de una sociedad que no se concretó en 2019 (cuando macri prefirió a Miguel Ángel Pichetto). Pero hoy adquiere otra lógica.
Schiaretti aporta lo que Macri necesita: volumen territorial y una identidad moderada (es el elemento aglutinador detrás de Provincias Unidas, donde convive Nacho Torres), que puede funcionar como puente entre distintos sectores del electorado. Además, Córdoba es uno de los distritos donde mejor mide el ex presidente, incluso por encima de la Ciudad de Buenos Aires. Esa combinación convierte al cordobesismo en un aliado atractivo para una estrategia nacional.
Las conversaciones ya existen. Operadores de ambos espacios vienen trabajando en un esquema de complementariedad que, más que ideológico, es pragmático. Comparten una lectura del escenario: el kirchnerismo en retroceso, Milei consolidando un núcleo duro y un espacio en el medio aún disponible. La apuesta es ocupar ese centro-derecha moderado que no se siente cómodo con los extremos.
Sin embargo, el armado también expone las debilidades. Que el PRO tenga más claro el vice que el presidente no es un dato menor: habla de un partido que aún no resolvió su liderazgo. Macri sigue siendo la figura dominante, pero no logra —o no puede— construir un sucesor competitivo. Y esa carencia condiciona toda la estrategia.
En última instancia, la decisión de Macri será inevitable. La política no tolera indefiniciones prolongadas. Si no aparece un candidato, deberá ser él. Y si decide no competir, el PRO quedará obligado a redefinirse en un escenario donde el liderazgo lo ejerce otro.

