Monseñor Adolfo Ramón Canecín participó de la festividad patronal en Mocoretá y luego encabezó la misa y procesión en la capilla del paraje Álamos, en el departamento Goya.
El 9 de julio, día de la Virgen de Itatí, el obispo de la Diócesis de Goya, monseñor Adolfo Ramón Canecín, participó en los dos últimos días de la Novena en la fiesta patronal de Mocoretá y, en el día litúrgico, acompañó a la comunidad del paraje Álamos, ubicado en la segunda Sección Rural del departamento Goya.
La celebración comenzó con una procesión de la que participaron jinetes con sus ropas típicas. Los peregrinos llegaron hasta la Capilla fundada el 9 de julio de 1969 bajo el pastoreo del primer obispo de Goya, monseñor Alberto Devoto.
Monseñor Canecín presidió la misa y, al finalizar, bendijo los alimentos para el almuerzo comunitario. Describió el encuentro como «una fiesta bien correntina, con identidad propia, arraigada a sus costumbres, raíces y tradiciones».
«El pueblo correntino tiene una gran devoción a la Virgen de Itatí, no existe un hogar en el que no esté presente su imagen», afirmó.
En su homilía, profundizó sobre el lema diocesano «Iglesia sinodal: comunión, participación y misión». Afirmó que María es la «medianera universal de toda gracia» y una criatura preservada del pecado original para ser la Madre del Hijo de Dios, e invitó a «toda la comunidad eclesial a imitar a la Virgen, para ser verdaderamente una Iglesia en salida».
Explicó que «María es la que mejor interpretó el modelo de caminar juntos. Ella conoce a Dios y sabe que con Dios se camina juntos. No podemos caminar en la Iglesia como francotiradores: el que quiere llegar rápido se va solo, pero el que quiere llegar lejos camina con otro».
Al referirse a la palabra «comunión» dijo que «María la vive desde la Anunciación. Al aceptar el proyecto de Dios con su ‘Hágase en mí según tu palabra’, entra en comunión perfecta con el plan divino. Ella es el espejo donde mirar para aprender a vivir la unidad».
En cuanto al concepto de «participación», indicó que «nos enseña esto en las Bodas de Caná. Al notar la falta de vino, acude a Jesús y dice: ‘Hagan todo lo que Él les diga’. María no acapara, ayuda a participar e integra a los demás».
Finalmente, sobre la «misión», resaltó que «la Virgen vivió la misión al ponerse en camino hacia la casa de su prima Isabel. Siendo una adolescente y gestando al Salvador, partió para servir y anunciar el Evangelio».

