Al finalizar la misa central de la 47ª Peregrinación Juvenil del NEA, representantes de las diócesis de la región proclamaron un documento en la Basílica de Itatí. El texto incluyó pedidos de oportunidades de estudio y trabajo, una advertencia sobre el aislamiento de las pantallas y una solicitud de protagonismo en la Iglesia.
Al término de la misa central de la 47ª Peregrinación Juvenil del NEA, ante obispos, sacerdotes y una multitud de fieles reunida en la explanada de la Basílica de Itatí, representantes de las distintas diócesis de la región leyeron un manifiesto. El documento, estructurado en los ejes «sanar, soñar y servir», fue presentado como una proclama de las nuevas generaciones ante la realidad social, económica y eclesial.
La lectura se realizó al finalizar la celebración litúrgica. Según lo expresado, la peregrinación no concluye en la Basílica sino que se proyecta hacia las comunidades de origen.
Sanar: pedido por heridas abiertas y protagonismo
El documento inició con la frase: «Hoy llegamos hasta tus pies con nuestras historias, nuestros sueños y también nuestras heridas». En ese pasaje, los jóvenes hicieron referencia a la necesidad de contención para quienes atraviesan situaciones de vulnerabilidad e inseguridad. «Tantos jóvenes que necesitan ser escuchados, comprendidos, acompañados. Enséñanos a ser una Iglesia cercana que abrace, que reciba, que salga al encuentro», expresaron.
El texto incluyó una apelación a la estructura eclesial para garantizar espacio y escucha a las nuevas generaciones. «No queremos mirar desde afuera, queremos ser parte, queremos ser protagonistas, queremos sentirnos acompañados», remarcaron.
Soñar: trabajo digno, educación y pantallas
El apartado dedicado a las aspiraciones colectivas abordó preocupaciones vinculadas al desarrollo personal y social. El escrito sostuvo: «Soñamos una juventud unida, sin competencias ni divisiones. Que se reconozca hermana y camine detrás de Jesús».
En materia social, el texto se centró en el acceso a oportunidades. «Soñamos con oportunidades, con un futuro digno, con jóvenes que puedan estudiar, trabajar y construir sus propios caminos», proclamó la lectura. Asimismo, incluyó una reflexión sobre los modos de vinculación actuales y la tecnología: «En medio de tantas pantallas, queremos cuidar lo que nos hace humanos, el encuentro, la empatía, la libertad, la dignidad y el amor».
Servir: «No queremos una fe de palabras»
La última sección definió el carácter práctico del compromiso cotidiano. «María, vos nos enseñás que quien ama no puede quedarse quieto. Por eso queremos una fe con pies, manos que ayuden, oídos que escuchen y corazones que acompañen», citaron textualmente. «No queremos una fe de palabras, queremos una fe que se haga vida», agregaron.
En el cierre, ratificaron que el retorno a sus hogares representa el inicio de la tarea: «Nuestra peregrinación no termina en Itatí, continúa cuando volvemos a casa y hacemos de nuestra fe vida». La lectura concluyó con la consigna: «Somos jóvenes del NEA, somos Iglesia, somos instrumento de paz». La proclama selló el paso de unos 400 mil caminantes por el santuario itateño.

