El exfutbolista José «Gato» Macoratti, goleador de Boca Unidos entre las décadas de 1980 y 1990, falleció en Corrientes. César Muyal lo despidió con un mensaje en redes sociales.
El exfutbolista José «Gato» Macoratti falleció en Corrientes. Defendió la camiseta de Boca Unidos desde inicios de la década de 1980 hasta mediados de la de 1990. Fue goleador del club y compartió plantel con Walter Chapo, Julio Ayala, Luis Disanti y el «Oso» Hermida, entre otros.
Macoratti mantuvo un vínculo con la institución después de su etapa como jugador. Su nombre quedó asociado a la historia de Boca Unidos.
Despedida de César Muyal
César Muyal publicó un mensaje en homenaje a Macoratti. El texto completo es el siguiente:
«Se fue rápido, tan rápido como era dentro de una cancha de fútbol. Su partida fue un golpe artero al corazón de quienes lo quisimos, tan artero como aquellos ataques sorpresivos con los que dejaba sin reacción a los arqueros rivales.
Se fue el rubio del equipo de los negros. Se fue un amigo de risa fácil, de voz pausada y tranquila, de esos personajes entrañables que forman parte de la historia de un barrio.
El Gato fue siempre un sinfín de sobrenombres en nuestro querido Cambá Cuá: Fideo, Rummenigge, Elio Roca, Gatillo, Macorelli… O simplemente Joselo, como le decían los muchachos del pasaje Ocanto. Llámenlo como quieran, porque detrás de cada apodo había una anécdota, una amistad, una historia compartida.
Te vamos a extrañar, Gatito. Goleador letal en las canchas, tan letal como esa maldita enfermedad que terminó consumiendo tu séptima vida.
Dicen que los gatos tienen siete vidas, y vos, fiel a tu manera de vivir, las gastaste demasiado rápido. Cómo se fueron consumiendo las seis anteriores, quizás solo lo sepa aquel vaso de vino que tantas veces te acompañó, testigo silencioso de tus historias, tus alegrías y tus andanzas.
Hoy el viejo Cambá Cuá pierde a uno de sus personajes inolvidables. Se apaga otra luz de aquellas que alumbraron nuestra infancia, nuestra juventud y tantas tardes de fútbol, risas y amistad.
Te fuiste rápido, Gato, demasiado rápido. Como cuando picabas al vacío buscando el gol. Solo que esta vez no hubo arquero que vencer, ni red que inflar, ni abrazo de gol que celebrar.
Hasta siempre, querido Gatito. Salud por vos, por tus siete vidas y por todos los recuerdos que nos dejaste.
Otra luz se apaga en el viejo Cambá Cuá, pero tu recuerdo seguirá encendido en cada rincón del barrio».

