Especialistas reunidos en un congreso internacional de educación advirtieron que la mayoría utiliza estas herramientas para ahorrar tiempo, pero no para potenciar el aprendizaje. Participaron 6000 docentes y 25 especialistas internacionales.
SAN LUIS.- El Congreso Internacional de Educación, organizado por el Ministerio de Educación de San Luis con el apoyo de la Fundación Varkey, se desarrolla en San Luis con la participación de unos 6000 docentes de la provincia y 25 especialistas internacionales. El encuentro pone el foco en cómo la inteligencia artificial (IA) está transformando la educación y las decisiones pedagógicas.
La apertura se realizó en el auditorio de San Luis de la Punta y comenzó con la proyección de un video de Sarmiento generado con inteligencia artificial. El gobernador Claudio Poggi afirmó durante la apertura: «La IA no va a reemplazar a ningún docente, excepto al que no la use».
Agustín Porres, director para la Argentina de la Fundación Varkey, señaló: «Con la IA vamos como corriendo de atrás, vamos entendiendo de qué se trata; por momentos nos entusiasma y por momentos nos asusta. Yo no sé exactamente hacia dónde vamos, pero la única certeza que tenemos es que la respuesta la damos juntos, la tenemos que construir juntos, aprendiendo unos de otros, de lo que está pasando en otras escuelas y de las buenas experiencias».
En el inicio de las conferencias, los conductores del evento realizaron una encuesta informal entre los docentes presentes. Les preguntaron cuántos utilizaban la inteligencia artificial de manera cotidiana en su trabajo. El 80% se definió como «residente» de la IA. La gran mayoría respondió también que la inteligencia artificial ya forma parte de la realidad del aula y que el desafío actual es evaluar los criterios detrás de un trabajo y no solamente la respuesta final.
Una docente compartió su experiencia: «Cuando veo que los alumnos la usan, les enseño a escribir buenos prompts». Otra agregó: «Hay que usarla porque nos simplifica tareas, pero sin dejar de lado nuestra parte humana». La mayoría coincidió en que la IA ya forma parte de su rutina profesional.
Jaime Saavedra, director de Desarrollo Humano para América Latina y el Caribe del Banco Mundial, fue el primer expositor del encuentro. Consultado sobre qué es lo que más le preocupa de la IA, respondió que le genera inquietudes, pero también entusiasmo.
«Le veo muchísimo potencial para apoyar el trabajo de los maestros: en capacitación, formación permanente, generación de mejores materiales y también para evaluar más rápido y mejor a los estudiantes. Son cambios que hace tiempo teníamos que haber hecho en educación y que ahora son posibles gracias a la IA. Sin embargo, me preocupa su impacto porque estamos en una región muy desigual. Y la IA amplifica esas desigualdades. No solo entre países o regiones. En una misma ciudad, una escuela puede ser un universo completamente distinto de otra ubicada apenas a cinco cuadras», resumió.
«Hoy una tarea impecable no garantiza un aprendizaje, especialmente cuando el esfuerzo cognitivo queda en manos de la IA. La comprensión real es uno de los grandes dilemas de esta época en los procesos de aprendizaje», agregó Saavedra.
El especialista aportó además algunos datos sobre el uso de inteligencia artificial en educación. Solo el 10% de los estudiantes pueden considerarse realmente «empoderados», afirmó. Con esa definición se refiere a quienes comprenden cómo funciona la IA, cuentan con docentes que los guían en su utilización, les enseñan a identificar sesgos y riesgos y aprovechan las herramientas para personalizar el aprendizaje.
Otro 20% corresponde al grupo de los «independientes», estudiantes que utilizan la IA para aprender, pero principalmente para ahorrar tiempo o simplificar tareas, sin una orientación clara por parte de los docentes. Saavedra citó investigaciones internacionales que muestran que ese uso, basado en una fuerte delegación cognitiva, no siempre se traduce en aprendizaje duradero. Los alumnos realizaban sus trabajos en menos tiempo y con mejores presentaciones, pero seis meses después no recordaban buena parte de los contenidos.
El 70% restante, explicó, corresponde a estudiantes dependientes. Aunque utilizan inteligencia artificial en plataformas digitales y redes sociales, no saben cómo aprovecharla para aprender. «Un cuchillo puede servir para preparar una comida deliciosa o para matar. Todo depende del uso que le demos», sostuvo.
Fernando Valenzuela Migoya, fundador de Edlatam y referente latinoamericano en transformación educativa, planteó a los 6000 docentes presentes: «La IA superó al diseño pedagógico y nos complicó el trabajo. Si pensábamos que iba a simplificarnos todo, nos estábamos engañando».
«Podemos caer en esa trampa, pero entonces la pregunta es: ¿dónde está el aprendizaje? Nunca fue tan importante para los docentes evaluar el trabajo sucio detrás del producto final que entrega un estudiante, porque ahí reside el verdadero aprendizaje. Tenemos que diseñar propuestas que generen fricción cognitiva», sostuvo.
Valenzuela Migoya señaló que, más que especialistas jugando con nuevas herramientas, el sistema necesita pedagogos capaces de diseñar experiencias de aprendizaje que incorporen la inteligencia artificial de manera significativa. «Necesitamos pedagogos que desarrollen diseños para el aprendizaje con IA», afirmó.
Y cerró con una advertencia: «No seamos simplemente seres humanos optimizados por la IA. Tenemos que diseñar ineficiencias estratégicas para generar el vínculo humano que requiere el aprendizaje. Necesitamos tiempo para mirar a los estudiantes; la dimensión humana tiene que recuperar protagonismo. Porque aunque la IA haga las tareas más rápido, aprender sigue dependiendo de que exista una conexión humana. La esencia de enseñar permanece. Antes creíamos que un buen docente era quien dominaba perfectamente una materia. Hoy es quien logra crear las situaciones, los vínculos y las emociones necesarias para que se produzca el aprendizaje».

