El movimiento surgido en 2018 contra el aumento de combustibles se manifestó este sábado en distintas ciudades francesas junto a estudiantes y sindicatos. Las protestas incluyeron enfrentamientos con las fuerzas de seguridad, incendios y saqueos, según reportes de medios locales.
Los chalecos amarillos volvieron a movilizarse en Francia este sábado junto a estudiantes, sindicatos y otros sectores. Las protestas se centraron en el costo de vida y el estado de los servicios públicos, de acuerdo con las convocatorias difundidas.
El movimiento surgió en 2018 en oposición al aumento del precio de los combustibles y luego amplió sus reclamos a temas como el poder adquisitivo y la desigualdad. En esta ocasión, la convocatoria buscó articular sus demandas con las de una nueva generación de estudiantes.
Origen y características del movimiento
Los chalecos amarillos no constituyen un partido político ni una central sindical. Bajo el nombre francés gilets jaunes reúnen colectivos locales, referentes y participantes con trayectorias y posiciones políticas diversas. Su origen está marcado por convocatorias en redes sociales y el rechazo a las formas tradicionales de representación.
La chispa inicial fue el precio de los combustibles y la suba de impuestos prevista para 2019, que el Gobierno justificaba por objetivos ambientales. Entre las impulsoras estuvo Priscillia Ludosky, quien lanzó una petición para bajar el precio del carburante. A su convocatoria se sumó el camionero Éric Drouet, uno de los promotores del bloqueo nacional del 17 de noviembre de 2018, fecha de la primera gran movilización.
La prenda elegida, el chaleco reflectante de seguridad que los automovilistas deben llevar en sus vehículos, permitió identificar a los manifestantes y dar visibilidad a sectores que se sentían relegados de las decisiones políticas.
Composición y demandas
Las investigaciones sobre los participantes muestran una composición diversa, con presencia de empleados, obreros, transportistas, trabajadores de servicios, artesanos y pequeños comerciantes. La participación de mujeres también fue significativa, incluidas trabajadoras de cuidados, enfermeras y empleadas de limpieza.
Con el tiempo, las demandas incorporaron salarios, jubilaciones, ayudas sociales y una distribución más justa de la carga tributaria. También ganó lugar el pedido de un referéndum de iniciativa ciudadana.
Su organización se apoyó en grupos locales, redes sociales, asambleas y ocupaciones de rotondas. Las diferencias internas y las resistencias a delegar la representación dificultaron la consolidación de una conducción nacional única.
La convocatoria de octubre
La movilización de este sábado buscó conectar los reclamos de los participantes históricos con los de una nueva generación. El costo de los combustibles, los ingresos y los servicios públicos funcionaron como puntos de encuentro con estudiantes que denuncian problemas presupuestarios y de infraestructura educativa.
Una de las plataformas que difundió la movilización utilizó el lema «Amarillos y jóvenes, nuestras luchas se encuentran». El llamado propuso marchas conjuntas de estudiantes, familias, sindicatos y chalecos amarillos, además de acciones en rotondas, estaciones de servicio y depósitos petroleros. También convocó a trabajadores, jubilados, agricultores y habitantes de barrios populares.
La jornada incluyó manifestaciones y enfrentamientos con las fuerzas de seguridad en distintas ciudades. Las protestas pacíficas coexistieron con incendios, saqueos y episodios de violencia, por lo que la participación en la convocatoria no implica que todos sus integrantes hayan intervenido en los disturbios.
Reacciones políticas
La movilización expuso diferencias entre Jean-Luc Mélenchon y Marine Le Pen, referentes de la oposición de cara a las elecciones presidenciales de 2027.
Mélenchon, presente en la marcha parisina, cuestionó en X el operativo policial y la cobertura centrada en los enfrentamientos. Sostuvo que había movilizaciones pacíficas que quedaban desplazadas por las imágenes de violencia. También llamó a sus seguidores a mantenerse al margen de los saqueos y las destrucciones.
Le Pen afirmó que los reclamos sociales legítimos habían sido «tomados como rehenes por la extrema izquierda». La dirigente de Reagrupamiento Nacional acusó al espacio de Mélenchon de justificar la violencia y buscar precipitar al país en el caos.
Desde el Gobierno, el primer ministro Sébastien Lecornu defendió a las fuerzas de seguridad y atribuyó los hechos violentos a grupos de ultraizquierda. Aseguró que las manifestaciones pacíficas tienen lugar en la República, pero rechazó los incendios y los saqueos.

