La actriz y bailarina Jenny Williams, conocida por sus papeles en Floricienta, Casi ángeles y Atracción x4, relató cómo una intervención quirúrgica innecesaria la sumió en un dolor crónico y cómo el pilates le permitió reconstruir su vida.
La actriz y bailarina Jenny Williams, formada en danza y actuación, desarrolló una carrera artística en televisión con participaciones en tiras juveniles como Floricienta y Casi ángeles, y alcanzó notoriedad como la villana Paula Lacalle en la comedia musical juvenil Atracción x4. Posteriormente consolidó su versatilidad dramática en Malparida, Graduados (como Sofía Conte) y Sos mi hombre, y incursionó en cine con Cruzadas y en la miniserie italiana Terra ribelle.
Varios años después de esos éxitos, Williams residía en Tulum, México, donde combinaba el canto con el trabajo en redes sociales y mantenía una rutina centrada en el movimiento: entrenamientos, caminatas y danza. Según relató, llevaba un ritmo activo y libre, con las tardes dedicadas al baile.
De manera progresiva, comenzó a sentir una molestia en la zona de apoyo de los dedos gordos de los pies. Pese a reducir los entrenamientos y abandonar la danza, el dolor se irradió por la planta de ambos pies debido a una inflamación en la fascia. Ante la persistencia, viajó desde Tulum a Buenos Aires para consultar con un especialista. El diagnóstico indicó un desgaste mecánico del cartílago por sobreexigencia física. El médico le ofreció una cirugía bilateral como solución definitiva y le aseguró que en seis semanas retomaría su vida habitual.
Tras la operación, el dolor no cedió y los pies no quedaron bien, según su testimonio. Williams afirmó que un dedo quedó fuera de lugar y que la movilidad se redujo al mínimo. Durante la rehabilitación, los fisioterapeutas le indicaron que la intervención nunca había sido necesaria y que además había salido mal. A partir de entonces, inició una serie de interconsultas médicas que confirmaron un pronóstico más complejo.
«Lo viví con una angustia enorme, con miedo y una profunda depresión. El dolor físico constante tiene algo arrasador: te toma por completo, tiñe hasta el momento más feliz y se convierte en un grito ensordecedor adentro de tu cabeza. No encontraba alivio ni sentada ni acostada; la única tregua era dormir, así que deseaba pasarme el día entero durmiendo para desconectar del cuerpo. Pero con los meses, ese padecimiento se transformó en puro terror: la idea desesperante de que el resto de mi vida iba a ser así fue, sin dudas, lo que terminó de romperme por dentro», declaró.
Williams también se refirió a los sentimientos de culpa y bronca hacia el profesional y hacia sí misma por no haber buscado más opiniones. Sostuvo que inició un proceso de autocompasión para perdonarse y soltar el enojo.
La actriz buscó alternativas de tratamiento y, aunque había descartado el pilates por prejuicios previos, una coincidencia la llevó a probarlo: mientras leía la novela La biblioteca de la medianoche, una escena sobre una vida posible con un cuerpo fuerte gracias al pilates la impulsó a reservar una sesión en Tulum. «Fue amor a primera vista. Apenas pisé el estudio me enamoré de la disciplina y sentí una certeza inmediata: supe que ahí estaba mi camino de sanación», afirmó.
Según su relato, el pilates le permitió reducir la inflamación y recuperar movilidad de forma progresiva. Explicó que la disciplina ayuda a trabajar el core y fortalecer fibras musculares profundas, lo que le permitió reaprender a pisar y repartir el peso sin cargar la zona operada. El proceso de recuperación duró aproximadamente dos años, con mejorías paulatinas que le devolvieron autonomía.
Tras un año y medio de práctica, Williams decidió crear su propio estudio de pilates en Tulum, llamado Moon. «Fue una locura total, una aventura. Nunca había emprendido, no sabía ni armar un Excel y, de golpe, no solo me certificaba, sino que montaba un negocio en otro país. Fue agotador, pero lo viví con una gratitud inmensa», recordó. Al año siguiente, regresó al país y se asoció con su hermana Sofía para expandir el proyecto.
Actualmente, Williams convive con limitaciones físicas: no puede correr, debe elegir cuidadosamente el calzado y hay días en que la humedad o el roce en las cicatrices le generan molestias. No obstante, según indicó, volvió a caminar sin dolor y puede bailar por períodos limitados. El dolor constante que padeció quedó atrás, al igual que el temor a un futuro con agonía.

