El Gobierno autorizó incrementar el porcentaje de bioetanol en las naftas hasta un 15%. La medida busca mitigar el alza de precios de los combustibles. Especialistas explican los efectos en el rendimiento y compatibilidad con distintos tipos de motores.
El Gobierno nacional autorizó a las empresas petroleras a elevar el porcentaje de bioetanol en las naftas, como una medida para contrarrestar el aumento de precios que experimentan los combustibles, influenciado por el contexto internacional. En marzo, la nafta súper registró un incremento cercano al 18%, y la prolongación del conflicto en Medio Oriente sugiere que la tendencia alcista podría continuar.
A partir del último viernes, las refinerías pueden aumentar la proporción de bioetanol en las naftas hasta un máximo del 15%, superando el corte obligatorio anterior del 12%.
Expertos del sector aclaran que un mayor porcentaje de bioetanol, dentro de los parámetros establecidos, no representa un riesgo para el motor y sus componentes. Solo en valores muy superiores podría generarse un desgaste prematuro en algunas piezas, como mangueras, situación que no se aplica a la nueva composición. Los motores modernos cuentan con la tecnología necesaria para funcionar con mezclas de biocombustibles sin requerir modificaciones técnicas.
Sin embargo, el bioetanol posee una menor capacidad energética que la nafta pura, lo que se traduce en una reducción del rendimiento por litro. En términos prácticos, el consumo de combustible puede ser ligeramente mayor.
Respecto a los modelos que podrían verse afectados, fuentes del sector automotor indicaron a medios nacionales que los vehículos con motores a carburador, una tecnología en desuso, son los más sensibles. «A partir de 1996 o 1997 se generalizó la inyección electrónica y se dejaron de lado los carburadores. Modelos como los Fiat Uno, Duna o 147, o los Volkswagen Gol más antiguos, utilizaban este sistema», se explicó. Prácticamente todos los vehículos fabricados desde fines de los años 90 incorporan inyección electrónica, por lo que los posibles inconvenientes se limitarían a motores de más de 25 o 30 años de antigüedad, que representan una mínima parte del parque automotor actual.

