El mundo está lleno de personas narcisistas. Es decir, de aquellos que creen ser “el ombligo del mundo”. Y, tal como lo explico en mi último libro Narcisistas, su rasgo distintivo es su forma de interactuar y comunicarse con los demás. Te invito a conocer algunas características al respecto.
Lo primero que suele hacer el narcisista es descalificar al otro. Por medio de comentarios que, aparentemente, son inocentes, busca dañarte y hacerte sentir mal. Para ello, dirá algo como: “¡Epa! Hoy nos vestimos como para ir al carnaval…”, expresado con una sonrisa socarrona. En el fondo, se trata de un intento consciente de desvalorizarte, lo cual incluye palabras, gestos o acciones que buscan erosionar tu autoestima. Y esto lo lleva a cabo de forma sistemática para alcanzar estos tres objetivos:
De muchísimas maneras, el narcisista intenta descalificarte y dejarte en claro que es mejor que vos. Por ejemplo, por medio de comentarios cargados de ironía: “¿Esto le compraste de regalo de cumpleaños a tu mamá?”. O procurando desacreditar tus sentimientos cuando exhibas tu vulnerabilidad en su presencia: “Ay, por favor, te pido que no te pongas a llorar en público… ¡es una vergüenza!”. Es decir, te quiere hacer creer que lo que sentís no tiene importancia.
¿Y qué ocurrirá cuando le confíes una idea, un proyecto o una actividad a futuro? Sonreirá con picardía y comentará: “¿Estás seguro/a de hacer eso? Me parece que no te va a servir para nada”.
Si sos una persona que sufre de timidez, a menudo te dejará en evidencia frente a los demás: “Vos no tenés capacidad de tratar con la gente. Mejor buscate otro trabajo”. Y cuando se burle de ti, como es su costumbre, recurrirá al sarcasmo para cubrirse y quedar siempre como alguien que desea tu bien. Incluso, puede disfrazarse de ser un humano empático para que no te des cuenta de que, en el fondo, te desprecia: “¡Pobre de vos! No puedo imaginar lo que debés estar pasando con ese problema familiar”.
Recuerda, en todo lo que dice y hace el narcisista no hay un interés genuino por los demás. Únicamente hay desesperación para que no lo reconozcan frágil e inseguro, que es su verdadera naturaleza.

