Peluqueros, sastres, escenógrafos y zapateros trabajan diariamente para crear los mundos y detalles de personajes que el público ve apenas unas horas sobre el escenario.
Quienes visitan el Teatro Colón suelen detenerse en sus mármoles, vitrales, arañas, la gran sala, los palcos, el terciopelo rojo y en los artistas que reciben los aplausos. Inaugurado en 1908, después de dos décadas de construcción, el edificio diseñado por Francesco Tamburini, Vittorio Meano y Jules Dormal es uno de los máximos exponentes del eclecticismo arquitectónico de fines del siglo XIX y principios del XX.
Detrás de ese patrimonio visible existe otro menos conocido, hecho de saberes, herramientas y oficios transmitidos de generación en generación. Además de ser una obra maestra arquitectónica, el Colón es también una gran fábrica artesanal que construye mundos.
Detrás de escena
Los talleres no están ocultos tras puertas centenarias ni funcionan en espacios detenidos en el tiempo. Son actualmente lugares de trabajo: oficinas y mesas con herramientas y materiales movidos por personas concentradas en ejecutar lo extraordinario.
Pelucas construidas cabello por cabello, vestidos de época, calzados diseñados para soportar horas de danza y escenografías capaces de convertirse en palacios. Nada se compra hecho: detrás de cada función existe una red de oficios especializados que anima la vida del Teatro Colón.
El conocimiento que pasa de mano en mano
Durante las entrevistas con los responsables de los talleres apareció la palabra «oficio», que remite a la práctica, al aprendizaje junto a otros y a conocimientos que muchas veces no se adquieren en libros o universidades.
Eugenia Palafox coordina un equipo de 18 personas que producen pelucas, posticería, tocados, maquillaje escénico y bijouterie para las obras de la temporada de ópera y ballet. Aunque incorporaron nuevas herramientas y tecnologías, hay aspectos que casi no cambiaron. «El trabajo de implante sigue siendo igual que hace 200 años», afirmó.
Las pelucas destinadas a los solistas pueden requerir semanas de elaboración. Cada cabello se coloca manualmente. «Si uno no implanta mucho pelo, no va a implantar bien», resumió Palafox. En su oficina se conserva una peluca utilizada por Vaslav Nijinsky para L’Après-midi d’un Faune (1913), confeccionada con hilos de seda.
El arte de vestir personajes
Carlos Pérez coordina el Taller de Sastrería. Para una producción como Otello, el área confecciona 280 trajes, entre solistas, coro, bailarines y figurantes. Solo para esa puesta se utilizaron entre 4500 y 5000 metros de tela.
«La sastrería teatral es otro mundo», declaró. Un traje escénico no funciona como una prenda convencional: debe responder a exigencias de movimiento, iluminación, resistencia y comodidad. Suele atravesar varias manos antes de terminarse. «Es un oficio que se está perdiendo», sostuvo.
Construir lo imposible
En Escenografía, Lucila Rojo coordina un equipo de 35 personas distribuidas entre el Teatro Colón y La Nube, el centro de producción en Chacarita. Allí se fabrican fondos pintados, estructuras y elementos escénicos. Los fondos alcanzan dimensiones monumentales; los dibujos se trasladan a escala real y las plantillas se realizan manualmente. «Seguimos pintando a la italiana», explicó. «El sueño del escenógrafo se puede construir acá adentro», añadió.
Un oficio que enamora desde el pie
Blanca Villalba lleva 34 años en el Colón y trabaja en el Taller de Zapatería. «Fue lo máximo que me pudo haber pasado en la vida», declaró. «Todo el calzado que imagines lo podés plasmar en el pie de la persona que lo solicite», agregó.
El taller lo integran 16 personas. Fabrican, reparan, transforman y adaptan piezas para ópera y ballet. El desafío más complejo es el calzado de ballet. El taller conserva las botas-sandalias utilizadas por Plácido Domingo en una producción de Sansón y Dalila.
Mucho más que un teatro
El Teatro Colón también es una escuela de oficios, un lugar donde los conocimientos pasan de una generación a otra. Mientras el público mira el escenario, cientos de detalles invisibles sostienen la ilusión. Son trabajos que rara vez reciben aplausos, pero sin ellos la magia no existiría.

