Uno de los principales “arrepentidos” del caso Cuadernos tiene miedo que lo maten. Sus familiares más directos aseguran haber recibido mensajes intimidatorios para convencerlo de que no hable más ante ante la Justicia. Que se calle. O habrá consecuencias.
Claudio Uberti es el ex funcionario K que más veces declaró como imputado colaborador en la investigación del expediente sobre corrupción mas relevante de la historia nacional. Fue titular del organismo encargado de controlar las concesiones viales. Sus confesiones en sede judicial causaron shock en los K. Shock es shock.
Ocurre que pegó al corazón del sistema recaudatorio de coimas investigado por el fiscal Carlos Stornelli y el fallecido juez Claudio Bonadio.
Uberti admitió que él mismo le llevaba valijas con cash de sobornos a los Kirchner. Reveló que Néstor Kirchner llegó a pedirle que traiga desde la Venezuela de Hugo Chávez USD 25 millones de origen ilegal. Y hasta confesó que fue él quien ayudó a organizar el contrato de alquiler de un hotel de Cristina solo para lavar dinero.
“El día que murió Néstor, en el departamento de ellos en Recoleta había 60 millones de dólares en efectivo”. Es solo una línea de decenas y decenas de páginas de sus colaboraciones a la Justicia, que lo convocó varias veces a ampliar sus dichos.
Uberti incluso le entregó un escrito a las autoridades con el detalle de las licitaciones del ente a su cargo, y las explicaciones sobre qué empresa vial había pagado coimas, cuando, y a cuanto ascendían.
La familia de Uberti hoy es víctima de un hostigamiento de anónimos que le exigen que cumpla una especie de pacto de silencio mafioso. “Claudio ya cometió el error de declarar. Pero que entienda que ya está. Basta”, dice uno de los mensajes intimidatorios que recibió un familiar directo, palabras más o menos. Son acciones insistentes: “Que tenga cuidado. Esta vez no se puede equivocar de nuevo…”, repetirían el tono los acechantes del testigo. No son textuales pero se parecen.
El abogado de Uberti, el doctor Guillermo Armani, le informó la situación de gravedad institucional por la que asegura pasar su cliente a la jueza de ejecución penal Sabrina Namer, que debe velar por el cumplimiento de la condena del ex funcionario K y por el cumplimiento de sus derechos en la cárcel. Ocurre que el ex funcionario esta preso por otra causa de corrupción.
Varios otros jueces y fiscales federales están al tanto de la situación de Uberti, y no la minimizaron ante la consulta de Clarín.
Mientras la clase política debate sobre internas y planea como rediseñar los tribunales cubriendo las vacantes, el proceso público sobre Cuadernos, que inquieta a un sector variado del poder dirigencial y empresarial, se desarrolla no sin escándalos.
¿Uno de los principales testigos teme que lo maten aun estando preso y su familia recibe mensajes para que lo convenzan de que no declare? Clarín reconstruyó esta trama en base al testimonio de fuentes que conocen todo el proceso que generó alarmas en los tribunales.
“Claudio tiene miedo de que se la pongan”, graficó de modo brutal otra fuente al tanto de los detalles de los pesares de Uberti. La frase tiene un sentido no tan metafórico: Uberti teme por su vida.
Actualmente está preso en Ezeiza por otra causa, el expediente conocido como “El Valija-gate”. En agosto del 2007 el venezolano Antonini Wilson llegó a la Argentina en un jet privado que había salido desde Venezuela junto a importantes funcionarios argentinos, entre otros, Uberti. Antonini cargaba un maletín con casi 800 mil dólares que no declaró. Uberti fue condenado por el caso y la sentencia quedó firme.
El ex funcionario está convencido de que su estadía actual en la cárcel se debe a una vendetta K, más allá de que efectivamente viajó desde Venezuela con Antonini y su valija.
Aislado en la cárcel de Ezeiza
Debido a su condición de imputado colaborador en Cuadernos, el ex funcionario vive una situación única. Delató a su Gobierno y después fue detenido. Por prudencia, y gracias al entendimiento del Servicio Penitenciario, decidió mantenerse totalmente aislado del resto de los detenidos en Ezeiza, lo que podría entenderse como una especie de beneficio, aunque en rigor está pagando altos costos por esa condición.
El ex funcionario K vive solo en una habitación del hospital de Ezeiza, sin acceso siquiera a un libro, desconectado de cualquier medio de comunicación, y con visitas acotadas al máximo. Es por eso que la Justicia determinó que peritos oficiales y de parte analicen su salud mental.
Uberti renunció a su cargo por el incidente del “Valija-gate”, a fines del 2007. Nadie del entorno de la familia Kirchner se comunicó con él para ver siquiera cómo estaba de ánimo.
¿Uberti podría estar intentando mejorar su situación carcelaria mediante ardides como afirmar que está siendo intimidado? Su abogado Armani repitió varias veces en las audiencias orales de Cuadernos que su cliente ratificaba su condición de “arrepentido” y que estaba dispuesto a ampliar lo ya confesado en la etapa de instrucción.
Intentar “darse vuelta” podría provocar que sea condenado por penas mas altas de los delitos que ya admitió haber cometido.
Ampliar la confesión
La insistencia del abogado ratificando que el ex funcionario ampliará en las audiencias orales lo que ya confesó ante Stornelli y Bonadio choca con la estrategia de los abogados de Cristina Kirchner y de otros imputados que quieren que el juicio de Cuadernos se suspenda argumentando que los imputados colaboradores hablaron por extorsión judicial.
No hay evidencias al respecto y la ley de imputados colaboradores, un proyecto de la peronista Graciela Caamaño, sancionada por el Congreso, fue ratificada por la Corte.
La estrategia defensiva de los abogados de Cristina, y de otros imputados, acusados de haber liderado el sistema recaudatorio de coimas, esperan que este martes el tribunal oral confirme si el proceso continúa o no.
Uno de los abogados que representa a un relevante imputado en el juicio sinceró en una audiencia, quizás peor que los mensajes intimidatorios que dice haber recibido la familia de Uberti, lo que piensan los K de quienes colaboraron con la Justicia.
El doctor Juan Manuel Ubeira, defensor del acusado Oscar Thomas, ex Yacyretá, no aludió jurídicamente a cuestionamientos de los delatores que colaboraron para dilucidar parte de la investigación. Uso el lenguaje llano y falto de sustancia de la Ciencia del Derecho para emitir un mensaje a los oídos de quienes sí esperan ampliar sus declaraciones como “arrepentidos” en las audiencias orales, lo que supondría una repercusión judicial y mediática de magnitudes. Ubeira se expresó así: “¿Para qué necesitamos la ley del arrepentido?”, se preguntó, y agregó, sin inhibiciones: “Los compañeros míos del arrabal detestaban al buchón, al vigilante, al botón”.

