Cada 7 de junio se conmemora en Argentina el Día del Periodista, en recuerdo de la fundación de la Gazeta de Buenos Ayres. En este contexto, se analiza el rol de la profesión frente al avance de la inteligencia artificial y la saturación informativa.
Cada 7 de junio la Argentina celebra el Día del Periodista. La fecha remite al nacimiento de la Gazeta de Buenos Ayres, creada por Mariano Moreno para informar a la sociedad. Más de dos siglos después, el desafío sigue siendo exponer la realidad y ayudar a comprenderla.
La humanidad nunca antes tuvo acceso tan inmediato a las noticias ni convivió con tecnologías capaces de crear textos, imágenes, videos y análisis en segundos. La democratización de la información permite que cualquier ciudadano genere contenidos y sea disparador de debates sociales.
La inteligencia artificial ha irrumpido y genera preguntas sobre el lugar del periodismo. Quienes transitan una vida en medios tradicionales y fueron testigos del nacimiento de páginas web y redes sociales sostienen que no se competirá con las aplicaciones, sino que se tomará la tecnología como base de la credibilidad.
La IA puede ayudar a investigar, procesar datos y acelerar tareas, pero no posee criterio moral, responsabilidad pública ni compromiso con la verdad. Son los periodistas quienes la nutren para que sea útil al trabajo cotidiano. La transcripción de audio a texto, por ejemplo, contiene errores que la mano humana corrige y da sentido.
En un curso reciente denominado ‘Comunicar en tiempos de desafección política’, referentes de organismos comunicacionales estatales y privados intercambiaron experiencias. El denominador común fue la preocupación por la competencia desleal ante la ‘economía de la atención’, estimada en cinco segundos.
La política ofrece un ejemplo de esta situación: plataformas como Instagram, Facebook, X y TikTok multiplican mensajes virales, pero no abordan la profundidad que cada cuestión de estado merece. La tarea periodística ayuda a distinguir hechos de interpretaciones y separar información de propaganda.
Analistas sostienen que ‘la utilización responsable de la inteligencia artificial exige transparencia, criterio profesional y respeto por los principios que sostienen la credibilidad de los medios’. La tecnología debe estar al servicio de la calidad informativa, no reemplazar el rigor ni la investigación.
El riesgo no estaría en la IA, sino en la ilusión de que la abundancia de información equivale a conocimiento. Un periodista puede ser multifacético (community manager, camarógrafo, editor), pero la ecuación difícilmente sea al revés. Se trata de aptitudes como vocación de servicio, olfato, experiencia social y cercanía con el otro.
Las tecnologías cambian y los formatos se transforman. Lo que permanece es la necesidad social de contar con personas capaces de buscar la verdad con honestidad intelectual, como instó el Papa León XIV en su encíclica Magnifica Humanitas. El objetivo sigue siendo el mismo: dotar de inteligencia y humanismo a lo artificial.

