La miniserie ‘Cautiva’, creada por Paula Hernández y Jazmín Stuart, estrena su primer episodio este viernes en TNT y estará completa desde el sábado en Flow. Está basada en un caso real ocurrido en el convento de las Carmelitas Descalzas de Nogoyá, Entre Ríos.
La miniserie Cautiva, una creación de Paula Hernández y Jazmín Stuart, estrena este viernes su primer episodio en TNT y desde el sábado estará completa en Flow. La producción, de 5 minutos de lectura, está inspirada en un caso real ocurrido en el convento de las Carmelitas Descalzas de Nogoyá, en la provincia de Entre Ríos, hace poco más de una década.
El elenco está integrado por Carolina Kopelioff, Lorena Vega, Rita Cortese, Valeria Lois, Tomás Wicz, Rochi Hernández, Julieta Zylberberg, Luis Ziembrowski, Lautaro Bettoni y Evitta Luna. La serie está disponible en TNT y Flow. La opinión de este medio es: muy buena.
La trama sigue a Clara (Carolina Kopelioff), una joven que es vista en su escapatoria, agitada y herida, llegando exhausta a la casa de su madre, Estela (Valeria Lois). La llegada de Clara, que parece haber huido del convento de clausura que había escogido como hogar, inicia un camino de descubrimiento de la verdad oculta tras los muros del convento.
Catorce años antes, Clara es mostrada en las vísperas de su ingreso al noviciado. Se desliza una tensión con su padrastro en la despedida de su vida civil. Su hermano Nico (Tomás Wicz) la filma con insistencia. El camino a la vieja construcción en el campo, de aspecto austero y monacal, incluye la despedida del padre y la confirmación del inicio de una nueva vida.
La historia camina en dos tiempos: el pasado que descubre el mundo del convento, sus rituales y su rígida disciplina; y el presente, signado por la huida de Clara y su desconcierto, la urgencia por revelar lo que permanece oculto. En ambos tiempos los mundos se dibujan a partir de sus integrantes, y el principal interés de la miniserie consiste en esas rimas posibles entre el adentro y el afuera. Afuera queda esa madre esquiva y negadora, atada a sus propios sacrificios y mandatos, una familia evanescente frente a una elección que parece dominante y totalizadora.
Puertas adentro del convento Clara se convierte en María Teresa de la Eucaristía, y con esa nueva identidad asoman atributos de entrega y sacrificio, la renuncia a la vanidad de los espejos, al apego a fotografías familiares, incluso la risa y el llanto por asuntos humanos. Allí está la primera Madre Superiora, construida con equilibrio por Rita Cortese, cálida aún en su distancia; y otra novicia y compinche, Lucrecia del Calvario. El personaje que asoma con poder y sinuosa presencia es la Hermana Cecilia, convaleciente en su primera aparición luego de una enfermedad que parece haberla puesto a prueba. Con el correr de los días Cecilia se consolida en su poder, se hace cada vez más dominante en cuerpo y voz.
Lorena Vega consigue dar fuerza y convicción a Cecilia sin convertirla en una caricatura de villanía. La disputa que ofrece no es solo por el dominio de la voluntad de las díscolas, sino por la custodia de un mundo atávico, concentrado en la práctica de esa certeza de que todo puede permanecer inalterable.
Hernández, en sintonía con sus coguionistas Leonel D’Agostino y Pablo Lago, evoca esa ritualidad opresiva en el interior del convento como forma de aislamiento que, al mismo tiempo que ofrece contención y seguridad, ejerce control y dominio. Ese sentir estaba presente en las estructuras familiares de películas como Los sonámbulos, algo que Cautiva evoca en combinación con cierto sentido del extrañamiento y la alteridad que parece aportar Stuart en su mirada.
Una vida, la de Clara, que se escinde en sus identidades, en los espacios en tensión entre el deseo y el deber, que se modela en el abuso y la opresión, y se libera en el intento de acceder a la voz propia y la liberación que asoma con la verdad. Mundos sagrados y domésticos, mandatos que circulan desde el interior de esas estructuras dentro y fuera del tiempo, del cuerpo, de la voz de una mujer que rompe el silencio.

